La vida no se detiene mientras perseguimos nuestras metas.-

Por Jorge Chaljub
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Me atrevería a decir que el 95 por ciento de los corredores o triatletas que conozco, no viven de esto. Es más, la mayoría debe hacer muchos sacrificios para sacar tiempo al entrenamiento y cumplir sus metas.

Víctima del ritmo de la vida y la ambición de las metas, caí yo hace varias semanas.

En medio de mi afán de hace varios meses de convertirme en triatleta, llevando el entrenamiento de manera constante, viendo resultados y sitiándome cada vez en mejores condiciones, llegaron a mi vida varios cambios. Nueva posición de trabajo, más responsabilidades, cambios en mi vida personal y demás.

En los deportes como estos si descuidas tu entrenamiento, la misma disciplina te pone en evidencia. Empecé (en la corrida) a sentirme más pesado con cosas que ya, se supone, iba haciendo mejor antes. Después de durar más de 9 meses sin perderme dos días de entrenamiento en una semana, llegue a durar semanas sin nadar, sin montar bicicleta y hasta 5-6 días sin correr.

En medio de mi frustración, el desempeño disminuyendo, los eventos que quería hacer acercándose y yo sin estar en condiciones para cumplir mis metas, entendí lo que dice el título de este texto.

¿Qué hice? Pues entendí que las cosas se consiguen paso a paso, y que si un camino falla, quedan decenas para tomar. Aprendí que el enfoque debe ser un paso a la vez, y me pasó como me dijo un amigo hace unos días, “cada quien debe chocar con su pared y aprender”.

Para quienes no vivimos de esto, aunque nos pongamos metas ambiciosas, es importante no frustrarnos y aprender a movernos en nuestra realidad. Que el día a día debe ser parte de nuestro entrenamiento, pero que nuestro compromiso no permita que el día a día nos gane la carrera.

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